Hoy fue un día importante. Tuve mi consulta en Oncología con la Dra. Candamio, y salí de allí con una hoja de ruta más clara y, sobre todo, con el corazón lleno de una sensación extrañamente reconfortante.
La doctora me explicó que ya ha hablado con la Dra. Carballo sobre el plan. Todo indica que probablemente la próxima podría comenzar con la radioterapia, y justo después, daría el paso a la quimioterapia. Escuchar las fechas, tan tangibles, hace que todo esto sea más real, pero también más manejable.
Y es que la Dra. Candamio tiene un don. La consulta fue… agradable como siempre. Suena paradójico decirlo en este contexto, pero es así. Es una gran profesional que, con su manera de estar, te transmite una confianza enorme y, lo que es más valioso en estos momentos, ilusión. Ilusión para seguir peleando, para no perder de vista el horizonte.
Sabemos perfectamente lo que suponen estos tratamientos. Sabemos de las consecuencias, del desgaste, de los días difíciles que inevitablemente llegarán. Pero hablar con ella te reafirma en una idea: todo es superable. Lo crucial es mantener la dignidad en cada paso y ese deseo feroz de vivir que es nuestro motor. Esto no puede, ni debe, hacernos caer en la desesperación o el desasosiego. Al contrario, tiene que convertirse en la fortaleza que nos levante en los días malos.
Me llevé una alegría especial cuando me dijo que le había encantado lo que escribí en el blog, ese post titulado «Soñar de noche, vivir de día». Que mi hashtag #DiarioDeUnPaciente# le había llegado. Significa mucho que quien te guía en este viaje médico también valore tu viaje emocional.
Nos despedimos con una nueva cita: el 26 de febrero. Ese día veremos cuándo podemos iniciar el ciclo de quimioterapia. Ella me avisó que no estará en consulta durante marzo, pero que hablará con la Dra Varela para que me atienda y todo siga su curso sin contratiempos.
Así que hoy, me voy a casa con calendario en mano, con un plan, con un equipo médico que inspira confianza y con la misma convicción: un paso a la vez, con los pies en la tierra y la mirada puesta en el sueño de vivir plenamente, de día.