El circuito se cierra: De ayudar a ser ayudado en la sala de radioterapia


Hoy fué un día importante. Por fin llegó la consulta de planificación con mi oncóloga radioterápica, la Dra. Carballo. Más que una cita médica fría, se transformó en una conversación profundamente humana que me ha dejado con una sensación extraña y bonita a la vez.

Me explicó con detalle y paciencia en qué consistirán mis 15 sesiones de radioterapia y los posibles efectos secundarios (como esofagitis o molestias al tragar, ya que el área a tratar está cerca del esófago y el pulmón). La información es poder, y saber qué puede pasar me permite prepararme mentalmente para afrontarlo si llega. Estoy decidido a superar cada bache.

Pero el momento mágico vino después. Surgió la conversación sobre las antiguas bombas de cobalto de los años 80. Y ahí, de repente, el tiempo se dobló. Yo, que en mis años de juventud trabajaba en este mundo, recordaba cómo era el proceso entonces, cómo nos esforzábamos por trasladar con cuidado a los pacientes a aquellas camillas rudimentarias.

Y se lo comenté: «Doctora, es curioso. Antes era yo el que ayudaba a trasladar a los pacientes. Hoy soy yo el que se acuesta en la camilla moderna de la Bomba de Cobalto».

Ella sonrió con comprensión. Hablamos de los avances, de lo lejos que ha llegado la tecnología para ser más precisa y menos invasiva. Fue una charla desatendida, sincera y muy agradable. No era solo médico y paciente; éramos dos personas compartiendo la historia de un oficio dedicado al cuidado. Me sentí escuchado, entendido y, sobre todo, muy a gusto.

Luego vino la parte técnica: me pasaron a la sala del TAC para la simulación. Ahí me hicieron mis pequeñas marcas permanentes (los famosos «tatuajes» de radioterapia) y tomaron todas las medidas y fotografías necesarias para mapear al milímetro la zona a tratar y, lo más importante, proteger los órganos sanos que la rodean. El personal, todo él, fué atento y amable, lo que alivia mucho la tensión del proceso.

Ahora toca esperar. Cuando todo esté minuciosamente calculado y planificado por el equipo de físicos y médicos, me llamarán para dar el pistoletazo de salida a las sesiones.

¿Como me siento? Con una mezcla de serenidad y determinación. Reconfortado por haber vivido ese «círculo que se cierra», que me hace ver la vida con perspectiva. Y preparado, con los ojos abiertos, para lo que venga. Sé que el camino puede tener momentos duros hacia el final, pero también sé que estoy en las mejores manos y con la actitud de seguir adelante.

Iré contando cómo se desarrolla todo, las sensaciones y las pequeñas batallas. Por si a alguien le sirve de compañía, de información o simplemente de testimonio de que se puede transitar por este sendero con esperanza y hasta con un punto de gratitud por los gestos humanos que lo iluminan.

#DiarioDeUnPaciente


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